miércoles, 19 de noviembre de 2008

Ordenando el pasado

LO MÁS IMPORTANTE DE TODO EL DÍA ES QUE HOY MI MAMI CUMPLIÓ UN AÑO MÁS.
¡¡FELICIDADES MAMI
Estoy descansando, se supone, pero tengo tantas cosas pendientes que mi descanso es un re-buscar, re-ubicar, re-leer, re-pensar… Voy ordenando datos de sms de los últimos meses, y me doy cuenta de que aún me falta media agenda del anterior móvil por pasar al nuevo! Esto me turba, quizás tengo datos sobrantes y no me dí cuenta desde julio hasta ahora.. o quizás he estado demasiado incomunicada con mi pasado…
 
 “Era una mujer atrapada por su pasado” decía una voz en off de una cuña de Les Luthiers.. “¡Suéltame, pasado!” respondía uno de ellos imitando a una mujer, con una gracia que, más de 20 años después, me hace reír. 
No reflexiono sobre la disyuntiva “exceso de datos/incomunicación” demasiado tiempo… es fácil sentirse culpable de haber abandonado a tantas personas que quiero, que me quieren… algunas han llamado, y sí tengo su número.. otras espero que sonrían aún al pensar en mí, pero no ha habido -por ahora- continuidad en la relación… 
Bueno, sí, tengo un sms de cumpleaños de alguien, no sé de quién, aunque lo sospecho… por esta persona abriré la agenda de mi antiguo y resistente nokia, lleno aún de sms de amor que siempre me resisto a borrar… ¿Se salvará ese amor en el cyberspace de nokia? ¿o me volveré escriba moderna y anotaré en otro soporte digito-irreal una copia intangible de sentimientos intangibles?… 
 
Entonces es cuando me apetece escribir “de puño y letra”. Curioso que una expresión tan antigua sea tan contemporánea en el 2008. De puño y letra… pues allá vamos! 
 
Con romanticismo y nostalgia de mí misma, de tiempos en que aún llenaba buzones en cada en primavera y otoño, cogí en Madrid -hace ya 10 días- tres modelos distintos de papel de cartas. Atesoro papel de cartas desde los 20. Tengo la costumbre de guardar siempre un último ejemplar de cada modelo, los turno, y así tengo de sobra para unos cuantos años más. 
Mi familia, que me quiere y conoce, me ha regalado en numerosas ocasiones cuartillas, postales y papelería con gatas, y en reciclado a ser posible. 
 
Así que aquí me encuentro, en el límite de Castellón y Teruel, abriendo el papel de cartas, dispuesta a escribir a todo el mundo y a nadie en particular, siguiendo un impulso de ordenar desde el principio, desde hace tanto que fue el principio, todo lo que tengo pendiente… 
De manera inopinada y con cara de sorpresa encuentro sobres con señas de destinatarias ya escritas, de mi puño y letra, cuidadosamente. No uno sino varios sobres. No una sino tres personas a las que no les llegó nunca esa intención, que nunca supieron que quise decirles algo importante, algo bonito seguramente.. lo digo por la caligrafía, por el esmero en la curva, por la tinta de pluma favorita que llevan.. 
Tres eran tres las hijas de Elena, tres eran tres los reyes de Oriente, y tres patas tiene un gato si se las quieres buscar. 
 
Un sobre es para Lydia. Lydia es mi mujer desde el año 87, que se dice pronto. Lydia es valiente, y con toda su altura y su belleza es un ovillo de mimos. Lydia se compró inteligentemente un piso hace muchos años, (ella todo lo hace inteligentemente, o casi todo, que no es lo mismo, pero ya nos dijo Silvio que es igual), allá en las cataluñas, y a esa dirección le pensaba yo algo que no llegué a escribir. Lo curioso es el remite: Oscar, Ramón y Katia.. y claro el solecito en espiral que siempre pongo.. Oscar, Ramón y Katia… todavía recuerdo ese fin de semana que curiosamente despertó alguna llorera… el ciclo se cerró, nosotros cuatro nos volvimos a ver, y los 3 que seguimos quedando nos queremos, pero ya no hay revoltijo.. 
Ese sobre cambiará de remite, y llegará a su dirección porque Lydia siempre será mi mujer, y siempre tendrá su casa. Espero abrazarla antes del 2009. Aprovecho para besar a Ramón, quien siempre será mi gran amigo, y que espero que cambie de casa para que le quepan hijas y visitas de una manera más discreta. 
 
Otro sobre es para Alicia. Sí, mi Alicia amada, Alicia llena de amor y música que se podría morir sin parar de ayudar a tanta gente, y que nunca avisa cuando necesita algo. Alicia tiene un sobre sin dirección, y en el nombre hay un sol de los míos y una estrella, en las aes que abren y cierran su nombre en nuestra boca, en este papel de cartas, como la luz que derrama sin cesar. 
Alicia es sabia y piensa que es intuitiva, es valiente y piensa que no vale, es una gran matriz que camina sin el orgullo de serlo, y a ella le debo miles de cartas, y miles de gracias le debe el mundo. Rosalía le escribió una canción. Yo aún no, así que aprovecharé este sobre para la canción, y ella con su Alfredo y su Alicia y tantas personas del mundo recibirá lo poco que conseguiré contarle de lo que se debería cuidar. En el remite sólo figuro yo. No hace falta nada más, espero abrazarla antes del 2010. 
 
El último sobre me agarra. Primero encuentro mi sobre, y se me agarra la tripa. Luego encuentro su sobre, y se me agarra el pecho. Alberto. Alberto me escribió desde Irlanda, y yo le iba a contestar a Irlanda. Tengo mi contestación guardada, no la mandé. Seguramente olvidé la carta, pues aún ahora me cuesta releerla... En su carta el número de mi portal está escrito con una tinta distinta al resto de mi dirección, no se lo sabía de memoria. En su carta mi nombre está escrito con y griega, así, Katya, y no Katia, por lo que es posible que en realidad no estuviera dirigida a mí, aunque sí. Alberto me escribe el olvido, y termina diciendo que me amará siempre. El resto es privado, pero dice cosas que no recordaba, y que entiendo, de modo distinto. Porque la realidad no existe. Y por tanto todo es posible. La fecha de su matasellos está borrosa, sólo leo 2:30pm, la fecha se corrió en el sello de papel brillante. 
Deduzco que fue la desaparición del 99, aproximadamente, porque habla de papeles de boda… Recuerdo que le pedí permiso para casarme, porque yo sólo le había prometido a un hombre casarme con él, y ése era Alberto. Alberto volvió a España y reapareció, y todo estuvo un poco raro y un agarrón amoroso, como siempre. Y desapareció. 
Mi hermano, harto de verme esperar en un sofá de flores secas y disculpas me dijo: “si no viene no es porque no puede, sino porque no quiere”. Gracias, hermano. 
Así que intenté cerrar. Alberto volvió, y todo estuvo un poco raro, casi como siempre… pero no igual, porque por una vez me llevó a su casa, y conocí a la madre de su hija. Y porque una voz más antigua que mi amor me dijo que estaba todo roto… Y en medio de mis flashback de esa noche recuerdo que él habló de las llaves de mi casa, y yo le hice callar, porque no quería saber.. 
Nunca quise saber mucho, porque quería amarle, pero esa abuela africana susurrándome en el vientre y en la sien... Yo no me acordaba pero ella sí: Alberto lo decía en la carta, lo decía desde Oviedo: ya no me podía amar. 
Alberto sigue existiendo. Hace nueve meses un amigo de Oviedo, el mejor músico de asturianía que conozco, me dijo asombrado y contento “pero si tú conoces a Alberto!”, y sí, o eso creí siempre. Hace medio año pregunté por él en el bar donde toca todos los martes o miércoles, ahí en Madrid. No estaba. Conseguí soltar el nervio. 
Hace menos de una hora que encontrado su sobre. 
 
Así es el pasado, no se puede ordenar porque se hace presente.

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